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Patrimonio cultural, Teguise

Las Caleras

Las Caleras

Las primeras caleras de Lanzarote estaban localizadas en el sur de la isla. Desde allí, a principios del siglo XVI, Teguise importaba cal en piedras hasta que se descubre la riqueza de carbonato cálcico de la zona norte de Teguise. Se construyeron varias caleras en las faldas de la montaña de Chimida. Las últimas estuvieron en explotación hasta la década de los sesenta del pasado siglo XX. Actualmente quedan en pie unas doce en esta montaña, algunas de ellas restauradas entre 1999 y 2000 por la unidad de Patrimonio del Cabildo.

La industria de la cal en Lanzarote fue durante muchos años una fuente económica importante para los habitantes de la misma, sobre todo para aquellos que vivían cercanos a las caleras.

En el siglo XVIII, el puerto de Janubio era el principal lugar de embarque de la piedra de cal para las otras islas, principalmente para los puertos de Santa Cruz de Tenerife y La Luz en Gran Canaria.

Las exportaciones de caliche o piedra de cal continuaron hasta el siglo XX.

La mayoría son construcciones sencillas, de planta circular o cuadrangular, a cielo abierto. Disponen de una construcción exterior de forma tronco-cónica y su interior revestido de barro se estructura en dos módulos: el superior a modo de cuba de carga, de sección semi-ovalada donde se depositaban las piedras que debían calcinarse; y el inferior u hornilla, separados por unas soleras refractarias a modo de parrillas que descansaban en un puente de hierro por su parte delantera, que quedaban empotrados en la parte trasera de la obra o bien sobre resaltes de la misma, según los diferentes tipos. Una puerta de acceso situada en la parte inferior del horno servía, además de tobera, para prender fuego a la pira y extraer el producto una vez calcinado.

Para obtener la cal se quemaba el caliche entre 800 y 1000 grados. Éste se ponía sobre el emparrillado cubierto con carbón o madera. Se tardaban varios días en quemarlo. Una vez quemado se dejaba enfriar rociándolo con agua para obligarlo a abrirse. Cuando estaba frío se cernía para su uso.

La utilidad más común era para el enfoscado (la de menor calidad) y la más blanca, o de mayor pureza, para el albeado y blanqueo de las viviendas, además ayudaba a impermeabilizar los aljibes y a potabilizar el agua recogida en ellos.

Los propietarios más destacados de las caleras de Teguise, en el siglo XX, fueron:

–          Leandro Delgado

–          Rafael Robayna

–          Luciano Betancort

–          José Rodríguez

Fuente: Teguise historia y arquitectura. De M. D. Rodríguez Armas  y Francisco Hernández Delgado

              Félix Robayna Delgado, hijo de Rafael Robayna propietario de caleras.

              Cal y caleros de Lanzarote. Julián Rodríguez, Antonio J. Montelongo, Marcial Medina y José Farray

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